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Desde sus comienzos mi trabajo ha sido una reflexión sobre la mirada. ¿Cómo se construyen, en nuestra experiencia interna, unos ojos que nos miran fijamente? ¿Cómo se interpretan y elaboran, en nuestro interior, las sombras, los brillos y toda la geografía implícita en cada fotografía? Si nuestra forma de ver se confecciona desde lo social y lo cultural, podemos concluir que toda mirada es política y que toda producción artística está sujeta a este juicio. La mirada como poder. Desde ahí, puedo sentir que la obra de arte es una posibilidad para evidenciar esto, para cuestionar nuestra manera de ver, para interrogar a la historia que ha producido todas estas graduaciones de la mirada y por ende, nuestras formas de reaccionar ante el mundo. En mi proceso artístico he intentado crear imágenes que invitan a ser examinadas a través de lo que llamo “contemplación emocional”, dándole a través de la belleza de las mismas el sentido de su forma. A través de los años he construído escenarios y modificado ciertos rostros para crear imágenes que permitan otras percepciones del mundo, otras formas de comprenderlo, y de modificarlo internamente.


En la primera época de mi obra, me centré en crear ciertas metáforas a través de retratos frontales de mirada fija y directa que mostraban la dignidad de los modelos y que, simultáneamente, hacían evidente la fragilidad de su ser: el rostro era un pretexto para representar la condición humana. Retratos en los que se percibía la soledad y a la vez la firmeza emocional de los sujetos y en los que la mirada era un espacio de contradicciones y ambigüedades. En esta serie de retratos, generalmente de personas guatemaltecas, el rostro funcionaba como espejo en el cual me miraba, me interrogaba y buscaba sentido. En esos retratos, la fuerza de la mirada radica en el poder que tiene para invertir la mía propia y cobra su valor más intenso si logra también invertir la del espectador con la misma fuerza e impulso con que se presenta ante él. Para el observador, descubrirse allí, en esa mirada interna, silenciosa, acompañada por ese rostro que inmóvil lo observa, es tomar conciencia de que compartimos un destino común. Una reflexión sobre la belleza como fragilidad, la memoria como dolor y el tiempo como caída, la fotografía presenta la muerte con los ojos abiertos.


En esta época presente, luego de grandes cambios de vida; emocionales y geográficos, he estado trabajando una representación diferente, estos proyectos los he trabajado en colaboración con mi pareja, Graciela De Oliveira, siempre a partir de mis constantes obsesiones: la belleza como poder político; la experiencia religiosa cargada de amor y dolor como lectura de la articulación del mundo y el hombre; la evidencia del vacío en las relaciones interpersonales de una sociedad caída, en la que los vínculos sanos son escasos dada la complejidad de las emociones. Toda esta nueva serie, titulada “Jerarquías de Intimidad” (2004-2005), la he realizado en Argentina. En ella he intentado representar escenas cargadas de experiencias psicológicas significativas, “invistiéndolas,” (a través del nombre de la foto) de diálogos que son parte de un guión silencioso en películas aparentemente desconectadas. Un ensayo de imágenes cargadas de misterio y tensión que presentan un drama detenido e inquietante, en el que cada foto actúa como un instante de sueño alargado, y en el que figuras atemporales son como heridas de

la memoria.


En cada una de las imágenes el cuerpo visible y el objeto son vehículos para entrar en un mundo secreto pero brillante, abiertamente presentado aunque encapsulado, negado a la caricia pero ofrecido a la mirada, tal y como ocurre con la iconografía religiosa. La puesta en escena presenta el tiempo del inconsciente con su libre asociación, sus anhelos y sus miedos; los actos humanos han sido entramados dentro de un mundo irreal y desfasado; la muerte vuelve de nuevo a escenificarse dentro del brillo sagrado de la lámina de oro.


Estos proyectos, los más recientes, los he concebido con el deseo de que la imagen contenga, y de alguna forma recalque y exprese, lo invisible. Palabra y experiencia fundamental que sostiene toda esta aventura visual. Como lo que no se ve cuando se mira; como lo que no se dice cuando se habla, como todos esos silencios contenidos en una sinfonía; éste trabajo es un intento íntimo y muy personal, de darle cuerpo a los fantasmas que gobiernan las relaciones personales, las jerarquías religiosas; en fin, a aquellos que gobiernan la política y la vida.

 

Luis González Palma.

From the beginning, my work has been a reflection on the look.  How do we construct our internal experience of a couple of eyes fixedly staring at us? How are the shadows, brilliance and all implicit geography within each photograph interpreted and elaborated inside of us? If the way we look is concocted from the social and cultural, we may conclude that all looks are political and all artistic production is subject to this kind of judgment. The glance as power. From this point of view, I feel that the work of art is a possibility of evidencing this, of questioning the way in which we look, of interrogating the history that has produced these "glance grades" and, therefore, the ways in which we react to the world. In my artistic process I have tried to create images that invite the observer to examine by means of what I call "emotional contemplation"; assigning, through the beauty in them, the meaning of their shape. I have constructed scenarios and I have modified certain countenances through the years in order to create images that would permit other perceptions of the world, other ways of understanding and modifying it internally.


 In the first period of my work, I focused on creating certain metaphors by means of frontal portraits of fixed, direct stares, that exposed the dignity of the models and, simultaneously, made evident the fragility of their being: the countenance was a pretext to represent human condition. Portraits in which the loneliness and yet emotional firmness of the subjects could be sensed and in which the glance established a space of contradictions and ambiguities. In this series of portraits, mainly of Guatemalans, the countenance served as a mirror in which I looked at myself, wondered and searched for meaning. In those portraits, the strength of the glance lies on the power it has to reverse my own and this power reaches its most intense value if it manages to reverse the spectator’s as well, with the same strength and impetus as it presents to him. To the observer, to discover himself in this internal, silent glance, accompanied by this immobile countenance that stares back at him, means to become aware that we all share a common destiny. A reflection on beauty as fragility, memory as pain and time as a continuous fall. Photography presents death with open eyes.


At present, after capital life changes, both emotional and geographical, I have been working on a different representation, In collaboration with my partner and wife, Graciela De Oliveira, always using my personal obsessions as a starting point: beauty as a political power; religious experience loaded with love and pain, as a reading of the articulation between man and world; in a fallen society of vacuous interpersonal relations, in which healthy bonds are scarce given the complexity of emotions. This whole new series, entitled “Jerarquías de Intimidad” (Intimacy Hierarchies, 2004- 2005) was produced in Argentina. In it, I have tried to represent some scenes charged with significant psychological experiences, "empowering" them (through the title of the photo) with dialogues that are part of a silent script in apparently disconnected films. An essay consisting of mystery- filled images, also full of tension, and that present a halted, disturbing drama in which each photo acts as an instant of a dream that is prolonged and in which timeless figures are like wounds of the memory .


 In each of the images the visible body and the object are vehicles to enter a secret but bright world, openly presented although encapsulated, that refuses touch but offers itself to the glance, in the same way as religious iconography. The set up presents the time of the unconscious with its free association, its longings and fears; human acts have been intertwined inside an unreal world which is out of phase; death is staged again inside the sacred radiance of the golden glaze.

I have conceived these projects, the most recent ones, with the desire that image could contain, and somehow highlight and express, the invisible. Word and fundamental experience that sustains this whole visual adventure. Like that which is unseen when seen; unspoken when spoken, like all those silences that a symphony contains; this work is an intimate and very personal attempt at shaping the ghosts that rule personal relationships, religious hierarchies; well, shaping all those that rule politics and life.


 

Luis González Palma.